Abortar o no? Era el tema en
discusión en una radio local que me acompaño durante el recorrido en medio de
la terrible congestión vehicular de Lima. La pareja de jóvenes conductores no
encontraba el punto medio y no lo hacía debido a que la posición de la
conductora se centraba en que era la mujer la única que debía decidir al
respecto. Por su parte, el conductor intentaba validar que de alguna manera los
hombres también debían tener alguna opinión.
Me parecía curiosa la postura
tajante de la conductora y empecé a prestarle mayor atención al tema. En
determinado momento empezaron a debatir sobre que harían si fueran sus hijas
las que estuvieran embarazadas y quisieran abortar. El conductor indicó que si
su hija le decía eso pues él hablaría con ella explicándole lo que implicaba y
que si ella quería tenerlo pues que la apoyaría. Casi de inmediato la
conductora respondió que ella si la apoyaría con el aborto de inmediato pues
era su decisión y nadie debía meterse. Entonces él cuestionó si al menos ella le
explicaría a su hija sobre el tema porque parecía estar prácticamente
fomentando el aborto y si sabía lo que eso implicaba. Ella respondió que claro
que hablaría con ella pero no la convencería de lo contrario. Entonces él
replicó pero al menos le dirás que es una vida sobre la que están decidiendo? Y
ella respondió que sólo era un feto que aun no se había formado ni nada.
Era claro entonces que el tema
había abierto una herida en ella. Y que su reacción tan agresiva por momentos
era porque escondido en su argumento pro-aborto estaba el defender una decisión
que en algún momento de su vida tuvo que tomar. Más no lo hacía con las
palabras exactas porque eso la sacaría de su zona de confort.
En la guerra es común que se
designe al enemigo con un nombre despectivo. Eso facilita y hasta alienta el
eliminarlos durante el combate pues no son seres humanos. Reducir una vida, un
bebé, a la palabra feto parece que tiene el mismo efecto. No se abortó una
vida, no se eliminó una vida, no se asesinó un bebe sino que sólo se desecho un
“feto”. Aparentemente eso lo hace más llevadero pues ya no hablamos de asesinar
sino de limpiar, no hablamos de matar sino de retirar. Finalmente la conciencia
queda en calma pues en el nuevo escenario no estamos haciendo nada malo,
seguimos siendo las buenas personas de siempre y así podemos sobrellevar el
tema con comodidad.
No es mi intención decirles que
deben hacer o cómo proceder. Cada uno de nosotros está en un momento distinto
de su vida, tiene mayor o menor comunicación con sus padres, tiene una mejor o
nula relación con su pareja, entre otros. En algún momento de la vida todos hemos
tenido que pasar por esta encrucijada y yo no me he olvidado lo que apoye la
primera vez que me tocó enfrentar este tema.
Siento que - al margen de la
decisión que tomemos - no es correcto fomentar el aborto. No hay forma de
encontrarle el ángulo correcto a un acto que va contra nuestra naturaleza. Es
increíble que nos conmueva un animal que sufre - como en las corridas de toros
- pero ante el aborto básicamente somos menos sensibles. Después de todo, al
toro lo vemos sangrar, vemos como sufre, un feto sigue siendo un feto y no
pasará de eso así que no hay más vueltas que darle, cierto? Además lo que pase
con él no lo veremos así que ojos que no ven, corazón que no siente.
Insisto en que no me he olvidado
de cómo procedí en su momento. Sé que habrá situaciones particulares como
embarazos que ponen en riesgo a la mujer o embarazos producto de una violación.
Incluso allí donde parece fácil decidir, las cosas pueden tornarse más
complejas si en lugar de usar las palabras aborto y feto usamos asesinato y
bebé.
Cuando me decidí a escribir esto
fue porqué peso más el expresar mi sentir que el silencio cómplice de quienes
preferimos mirar a otro lado. Cómo cuándo se acerca al carro el niño vendiendo
caramelos y simplemente volteamos la mirada porque incomoda verlo. Respeto la
postura de los demás, más si van a apoyar el aborto entonces háganlo con las
palabras exactas: “asesinato de bebes”. Considero que no tiene sentido el
apoyar una causa pero con otras palabras para que no suene tan fuerte.
Alguien dirá que todos tenemos
derecho a decidir sobre nuestro cuerpo. Y es cierto, lo comparto plenamente.
Pero un bebe no es nuestro cuerpo. No es un tumor sobre el cual decidir si se
extrae o no. Es un cuerpo dentro de otro, una vida dentro de otra. Y si empezamos
a verlo así el argumento empieza a caerse solo.
No fomento ninguna religión ni
mucho menos un grupo en particular más recuerdo un pasaje de La Biblia en el
que Dios responde al sufrimiento de su pueblo - que le increpa el haberlos
abandonado – y dice: “Acaso puede una mujer olvidarse del hijo de su vientre? Y,
si aún existiese esa mujer, Yo nunca te abandonaré!”.
Sé que esto no va a sumar puntos
a mi favor, puedo vivir con eso. Más no podía seguir callado siendo cómplice de
algo que no comparto.
Algo que hoy ya no comparto.